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Un mensaje a los damnificados de huracanes y terremotos

 Abril Villarreal-Medina
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Desde Oblate Missions, hemos seguido muy de cerca ese camino de destrucción y angustia que han estado recorriendo –y siguen recorriendo- muchos de nuestros hermanos y hermanas de Houston, Texas, y de la costa del Golfo de México, azotados tan severamente por el huracán Harvey.

Hemos sentido también la dureza del huracán Irma que llenó de angustia a nuestros hermanos y hermanas de la Florida, de Cuba y de otras islas del Caribe.  Y llegó María, dejando a oscuras a la mayoría de nuestros hermanos y hermanas de Puerto Rico.  Podemos sentir la angustia de los habitantes de la Isla del Encanto ante un futuro incierto y la incertidumbre de tantas familias en Estado Unidos que no pueden comunicarse con sus seres queridos.

Y por si fuera poca la furia de estos huracanes mortales, nos hemos estremecido con nuestros hermanos y hermanas de México que, de repente, han tenido que enfrentarse a la fuerza imprevisible de dos terremotos que han dejado muerte y devastación a lo largo de la geografía mexicana.

Desde Oblate Missions y desde la Gruta de Lourdes y Tepeyac de San Antonio, estamos recordando en oración a las víctimas de estos desastres naturales para que encuentren en Dios, en María Santísima y en cada uno de nosotros el consuelo y la ayuda que necesitan en este momento de prueba.  No, no ha sido Dios quien ha enviado esta prueba.  Pero sabemos que la destrucción y la muerte son una prueba seria a nuestra fe y a nuestra esperanza.

Gracias a Dios, en medio de la destrucción, han surgido  manos amigas que han encarnado la infinita bondad de Dios.  Los ángeles no solo están en el Cielo.  Están también en la tierra corriendo y “volando” en busca de quienes se sienten atrapados por la angustia de una vida con un futuro incierto, abriéndoles un camino a la esperanza.

Que Dios y Santa María de Guadalupe les lleven de la mano en su caminar lento, pero seguro, hacia la reconstrucción de sus vidas.  Y que el Dios de la Vida nos ayude a ser “ángeles” que vuelan a dar una mano amorosa a quienes hoy nos gritan, como dice la canción: “Yo quiero vivir, hermano”.

Que Dios bendiga a las victimas de estos desastres naturales y les conceda su paz.

 

Fr. Saturnino Lajo, OMI
Su amigo y hermano,

FrLajo-SpanishSig
Padre Saturnino Lajo, OMI
Director Oblato